Sábado 24 de Junio del 2017

18-07-2016

MAGISTRAL DISERTACION EN LA FERIA DEL LIBRO DE TEOLOGA MUSULMANA SOBRE LA MUJER

Sumeia Younes: “Con una mano la mujer mueve la cuna, y con la otra, la rueda de la historia de la humanidad”


LA RIOJA.- La teóloga musulmana, Sumeia Younes, disertó en la Feria del Libro Edición 2016 sobre “La Mujer en el Islam” y con sólidos argumentos derribó los mitos y las falacias esparcidos tanto por intereses geopolíticos y prejuicios seculares en contra de la fe islámica.

 
 
Younes, quien es licenciada y está terminando su doctorado en ciencias islámicas en la República Islámica de Irán, y oriunda de la provincia de Tucumán, disertó en la Feria del Libro Edición 2016 ante una nutrida concurrencia que, al finalizar la presentación, prosiguió con preguntas sobre la mujer en el Islam.
 
El evento programado en la Feria del Libro, fue organizado por el Centro Islámico de la Provincia de La Rioja y la Federación Argentina de Entidades Islámicas Yafaritas (FIYAR).
 
A continuación transcribimos la disertación en forma completa: 
 
“Los temas sobre el mundo islámico y la mujer musulmana han penetrado profundamente en el imaginario popular occidental. Desde hace mucho tiempo que algunos ridiculizan y caricaturizan a nuestro amado profeta Muhammad del modo más ofensivo. Lo presentan como un seductor que se valía de Dios y de la religión para justificar sus propios excesos sexuales.
 
Esos conceptos que se vienen transmitiendo desde hace ya bastante tiempo, se ven agravados hoy por la cantidad de prejuicios infundados difundidos sobre todo por los medios de comunicación masivos como la televisión, el cine, o Internet, y sustentados por prácticas realmente retrógradas hacia la mujer aplicadas por grupos extremistas y fanáticos que se dan en llamar musulmanes.
 
 La imagen que se da de la mujer musulmana en Occidente es la de una mujer ignorante y reprimida cuya religión la tiene sometida bajo un velo. Según esta imagen que se tiene, el padre, marido o hermano tiene el poder de mutilarla físicamente y de impedirle que abandone el hogar para recibir una educación, ganarse la vida o elegir con quién casarse. Y ésta no puede salir de su casa, ni siquiera al médico, a menos que esté acompañada de un hombre de su familia. Y si llegara a salir con su marido, ella debe caminar detrás de él. No puede ocupar un cargo público, ni dedicarse a una profesión, ni dar su opinión sobre ningún asunto relacionado con su destino; su papel se limita a hacerse cargo de sus hijos y servir a su esposo encerrada tras las paredes del hogar. De esta manera, se ataca al Islam como una religión retrógrada, represiva y cruel que subyuga a la mitad de sus seguidores, esto es, a las mujeres. 
 
Por lo tanto, basándome en las dos fuentes más importantes del Islam, esto es, el Corán y los Hadices, intentaré poner en claro algunos de estos puntos, explicar el estatus que tiene la mujer en el Islam, y los derechos y privilegios que Dios le otorgó a la mujer musulmana desde su mismo advenimiento hace 14 siglos, y que las mujeres occidentales obtuvieron apenas el siglo pasado (como el libre manejo de sus bienes, el derecho al voto, etc.).
 
Pero antes, demos un vistazo a la situación de la mujer en algunas partes del mundo antes del advenimiento del Islam:
Entre las escuelas y sabios de la antigüedad, había muchos que no consideraban a la mujer igual al hombre en cuanto a categoría humana. En la Antigua Grecia algunos creían que las mujeres eran más despreciables e inferiores que los animales, e incluso la consideraban progenie del demonio. 
 
Son conocidas algunas expresiones misóginas de Sócrates, Pitágoras, Platón y Aristóteles respecto a la mujer.
“La mujer es un hombre inferior". Aristóteles "Poética" (323 a. de C.).
"De aquellos que nacieron como hombres, todos los que fueron cobardes y malvados fueron transformados, en su segundo nacimiento, en mujeres". Platón "Timeo" (ca. 360 a. de C.). 
"Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer" Pitágoras (Siglo VI. a. de C.).
“Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre”. Sócrates
Confucio decía: “Tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido”.
En ningún lugar la mujer tenía posición, personalidad, libertad, ni siquiera derecho a pedir justicia, a pesar de que eran esclavizadas, vendidas, torturadas, violadas, matadas -incluso a veces quemadas vivas junto al cadáver de su esposo cuando ella enviudaba, como sucedía en La India-. Y todas estas aberraciones eran cometidas o consentidas por sus propios familiares hombres. 
Generalmente no se requería su consentimiento para celebrar su matrimonio, aunque su futuro esposo fuese un completo desconocido para ella. A las mujeres se les negaba el derecho al divorcio en tanto el hombre sí lo tenía, y él podía casarse con cuantas mujeres quisiese. No tenían derecho a instruirse, ni a recibir herencia. 
Asimismo, la costumbre inglesa de venta de esposas era una de las formas de término de un matrimonio fracasado por acuerdo mutuo a finales del siglo XVII. El marido podía subastarla públicamente, vendiéndola al mejor postor.
 
De este modo, la mujer era considerada un ser débil e inferior, a tal punto que incluso la mayoría de ellas aceptaba todo con sumisión. Las palabras mujer, debilidad e inferioridad eran sinónimos. En la cultura regional de las diferentes naciones, no encontraremos a ningún pueblo –ya sean los más atrasados o los más civilizados, y con todas las diferencias de idiomas- que no tengan proverbios o insinuaciones respecto a la debilidad e inferioridad de las mujeres. Realmente las mujeres tuvieron que luchar mucho por sus derechos.
 
Antes de la llegada del Islam, los árabes incrédulos eran a tal punto violentos y fanáticos en relación con las mujeres que si nacía una mujer en algunas tribus árabes la enterraban viva por miedo a la pobreza, la vergüenza y la deshonra. Esto nos lo relata el Corán sobre esa época: 
“Cuando a alguno de ellos se le anuncia (el nacimiento de) una hija, su semblante se ensombrece y queda angustiado * Se oculta de su pueblo por la deshonra y vergüenza que le fue anunciada, preguntándose ¿la dejará vivir para deshonra suya o la enterrará viva…? ¡Qué mal juzgan!”. (16: 58 y 59).
Y también, refiriéndose al Día del Juicio Final, el Corán dice:
“Cuando la hija, sepultada viva, sea interrogada * ¿Por qué delito fue matada?”. (81: 8 y 9) 
La mujer en la península Arábiga, en el periodo pre-islámico (o Época de la Ignorancia) no era muy diferente a la de sus congéneres de otras naciones, e incluso se podría decir que su situación era aún peor. 
El estatus de la mujer en la sociedad tribual de la península arábiga era el de un objeto. La mujer servía como objeto de placer, para procrear y para la ejecución de tareas pesadas que los hombres se negaban a desempeñar. Formaba parte de las posesiones del hombre, hasta el punto de que, tras la muerte de éste, estaba incluida en la herencia y pasaba a pertenecer a los herederos junto con las otras propiedades. 
 
¿Qué derechos le otorga el Islam a las mujeres?
Al llegar el Islam a principios del siglo VII, éste presentó a la mujer tal como ella es y sobre los fundamentos para lo cual fue creada. 
 
TRAS EL ADVENIMIENTO DEL Islam hace 14 siglos, el Profeta del Islam (s.a.w.) anuló todas las creencias e ideas erróneas que se tenía respecto a la mujer, y prohibió las conductas siniestras que tenían hacia ellas. Se prohibió totalmente enterrar vivas a las niñas, salvándose como ya vimos en el versículo coránico, del infanticidio. 
 
En el ámbito familiar, no sólo obtuvo el derecho a dar su consentimiento para el matrimonio y a ELEGIR a su esposo, sino que dicho consentimiento se convirtió en una condición para la validez del mismo. Tras casarse, ella sigue manteniendo su apellido de soltera. Además, ella tiene el derecho de recibir una dote. 
 
¿Qué es la dote en el Islam? Es un regalo que Dios ordena al hombre darle a la mujer al momento de casarse, donde ni padre, ni hermano ni ningún otro familiar de la mujer obtiene absolutamente nada de esa dote. LA DOTE ES UNICAMENTE PARA LA MUJER. Como es natural y sucedió normalmente en todas las culturas a lo largo de las épocas, es el hombre el que en principio hace más manifiesto su interés y amor por la mujer, por lo que, para atraer su atención y agrado, le hace regalos. Inspirada en su naturaleza primigenia de alguna manera la mujer sabe, que su dignidad y respeto radican en que no se regale al hombre y es por eso que es el hombre el que generalmente va en su búsqueda y para atraerla Dios le ordena ofrecerle un regalo. Dice el Corán: “Y dad a vuestras mujeres “su” dote como un regalo”. (4: 4). O sea, esta dote es solo para ella y debe dársela a ella, y es solamente para dignificar el valor de la mujer. Y continuando con el versículo coránico, Dios dice: “Pero, si ellas renuncian gustosas a una parte en vuestro favor, haced uso de ésta tranquilamente”. La orden del islam sobre la dote anuló lo que representaba en el pasado (que era para los padres). También el Corán abolió el trato que hacía el padre de la mujer con su yerno sobre que debía trabajar para él para pagar la dote cuando éste no contaba con bienes. 
 
Como esposa, el Islam hizo de la convivencia matrimonial y del buen trato y respeto hacia la mujer uno de los más importantes deberes del marido. El debe proteger a su esposa y ella sentirse segura con él. Según la ley islámica, perpetrar cualquier acto de violencia en contra de la mujer es un acto criminal. En épocas del Profeta, algunas mujeres se quejaron ante él por el trato que sus esposos tenían con ellas, y él les dijo: “Los hombres que golpean a sus mujeres no son de los nuestros”.
 
“¿Acaso alguno de vosotros golpearía a su esposa para luego acariciarla (con esas mismas manos)?”.
 
“Me sorprendo de un hombre que golpea a su esposa en tanto que él es más merecedor de ser golpeado (por este comportamiento suyo)”.
Cuando una mujer se quejó ante el Profeta por la conducta de su esposo, Dios le reveló al Profeta en el Corán: “Dios ha oído lo que decía la mujer que debatía contigo acerca de su marido y que se quejaba ante Dios. Dios oye vuestro diálogo. Dios todo lo oye, todo lo ve”. (58: 1)
 
El marido tiene la obligación, solo por tener después del matrimonio el derecho de tocar a su mujer, de satisfacer sus necesidades básicas de alimento, vestimenta, vivienda, salud, etc., en lo posible, según EL ESTATUS SOCIAL de la mujer. Y CABE DESTACAR QUE LA MUJER NO ESTA OBLIGADA A HACER LAS TAREAS DEL HOGAR como limpiar, cocinar, etc, NI A AMAMANTAR (para lo cual puede reclamar un salario. POR SUPUESTO IGUAL LO HACE). Tampoco el esposo puede obligarla a concebir si ella no quiere.
 
Si el hombre no cumple con alguna de estas obligaciones o incurre en otras faltas e injusticias hacia ella, la esposa puede divorciarse de él. 
 
COMO MADRE, los hijos están obligados a obedecerla y respetarla. 
¿Por qué esta insistencia en el Islam sobre el valor que tiene una madre? Debido a esta responsabilidad crucial que ella tiene como madre: El rol de madre que tiene la mujer en la familia, es un rol existencial irreemplazable de las mujeres en la lógica divina, que garantiza la seguridad y salud psíquica del ser humano. Dijo el Profeta (s.a.w.) en cuanto al rol de madre: “El Paraíso se encuentra a los pies de las madres”. Además, en las narraciones islámicas se transmitió que una persona le preguntó al Profeta del Islam (s.a.w.) con quién debía ser bondadoso, y el Profeta le respondió: “Con tu madre”. Nuevamente le preguntó: “¿Y luego con quién?”. Dijo: “Con tu madre”. Por tercera vez esta persona preguntó: “¿Y luego con quién?”. Y otra vez le dijo: “Con tu madre”, y cuando preguntó por cuarta vez, recién entonces el Profeta le respondió: “Con tu padre”. Y esta es la posición elevada que tienen las mujeres y las madres en el Islam.
 
La otra gran responsabilidad de la mujer en la familia es su rol de esposa. Según expresiones repetidas del noble Profeta del Islam (s.a.w.), el rol de esposa fue presentado como un ÿihâd o “lucha sagrada” que por sí solo equipara a todas las actividades económicas, sociales, militares y políticas que pudiera realizar un hombre.
 
Debido a estos roles especiales que la mujer tiene en el sistema de la creación, está equipada con capitales internos valiosísimos, y la sociedad humana necesita de esos valores para desarrollarse. Uno de esos capitales internos es “la capacidad de brindar afecto”, que a lo largo de la historia y en todas las sociedades tuvo muestras magníficas. Aún cuando esta propensión interna que es el amor, se encuentra, más o menos, en cada persona, sin embargo, a la mujer le tocó una mayor parte de este regalo divino. Por un lado, esta inclinación y propensión sagrada prepara a las mujeres para todo tipo de sacrificios en su vida junto a su esposo, y cual lámpara encendida ilumina el círculo familiar; y por otro lado, acarrea la responsabilidad de la pesada carga de educar a una generación.
 
Por lo tanto, como la fuente original de los afectos, la mujer en la familia juega un rol muy importante, tanto en el fortalecimiento de la familia como en su desarrollo afectivo y moral, y por medio de desempeñar este importante rol, puede llenar su hogar de cariño y amor, y al mismo tiempo traer sosiego al hombre y salud mental a los niños. Satisfaciendo a tiempo y de manera correcta las necesidades afectivas, puede impedir muchas de las anomalías de conducta de los individuos que entrega a la sociedad.
 
Otros de sus derechos: Se prohibió que los herederos heredaran a las esposas de su padre –práctica arraigada hasta entonces entre los árabes: “¡Oh creyentes, no os está permitido heredar a vuestras mujeres contra su voluntad, ni impedirles casarse con el fin de apoderaros de una parte de lo que las hayáis dotado…” (4:19) y al mismo tiempo  LA MUJER OBTUVO EL DERECHO A HEREDAR: En el pasado y antes del Islam a la mujer por diferentes razones en las diferentes sociedades no se le permitía heredar. Pero el Islam contundentemente declara en el Corán: “Sea para los hombres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen; y para las mujeres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen…” (4: 7)
 
Todos los derechos de la mujer referentes al matrimonio, divorcio, herencia, etc., están estipulados en el Corán, junto a una larga lista de derechos de esta índole y temas relativos a su trato y libertad. 
 
Se le otorga a ella el derecho a su completa independencia económica y a poseer propiedades sin la intervención de su esposo. Uno de los asuntos incuestionables en el Islam, es que el hombre no tiene ningún derecho sobre el trabajo y bienes de la mujer. No puede ni ordenarle que realice un trabajo para él, ni puede hacer uso de los bienes de su mujer a menos que sea con su consentimiento. Es posible que en las costumbres y culturas de algunas sociedades incluso de hoy en día existan algunos problemas en cuanto a las relaciones entre los cónyuges y se pisoteen los derechos de las mujeres, pero esto no tiene nada que ver con los derechos que el Corán le da a la mujer. Y si un musulmán no actúa según su deber religioso, debe responder él por sus actos injustos que realizó en base a unas creencias y tradiciones erróneas en nombre de la religión. Pero eso no tiene ninguna relación con la responsabilidad que la religión puso sobre sus hombros como hombre. El Corán claramente establece: “…A los hombres les corresponde lo que se hayan ganado, así como también a las mujeres les corresponde lo que se hayan ganado”. (4: 32) 
 
De esta manera, el Islam le dio independencia económica a la mujer, pero no la incentivó a abandonar su hogar ni a hacer tambalear las bases de su familia. No puso a las mujeres en contra de sus esposos y a las hijas en contra de sus padres y hermanos. Con estos versículos coránicos el Islam suscitó una gran revolución, pero tranquila e inofensivamente y sin acarrear ningún riesgo.
 
Vemos que en occidente se les otorgó este derecho a partir del siglo XIX o incluso XX, pero no con el fin de defender los derechos de las mujeres como lo hizo el Islam, sino para incentivarlas a trabajar como obreras en las fábricas y empresas a cambio de un salario menor que el de los hombres, sacándolas de la servidumbre en sus hogares, para llevarlas a servir en las fábricas-. En Finlandia, recién en 1878 la ley reconoció a las mujeres rurales el derecho a la mitad de la propiedad y de la herencia en el matrimonio.
 
Y fue en 1882 que Inglaterra reconoce el derecho de la mujer a la propiedad y a disponer libremente de sus salarios. Europa había roto y abierto las cadenas y grilletes que mantenían a las mujeres atadas de pies y manos en sus hogares, para atarla con nuevas cadenas a las fábricas. En cambio el Islam no solo liberó a la mujer de la esclavitud y servidumbre al hombre en el hogar, sino que por medio de obligar al hombre a mantener a su esposa y familia, quitó todo tipo de obligación de mantener a su familia de los hombros de las mujeres. De estos dos cónyuges, es obvio que al menos uno de ellos no debe sentirse dominado por el cansancio y el esfuerzo para que pueda inyectar sosiego y tranquilidad al otro, y en esta división de tareas, es obvio que el que mejor puede entrar en el campo de la batalla diaria para obtener el sustento, es el hombre, y quien mejor puede conformar un sosiego para el otro, es la mujer.
 
El Islam también le otorgó a la mujer el derecho a instruirse: Hace 14 siglos el Islam hizo gran hincapié en la obtención de la ciencia por parte del musulmán (sea hombre o mujer). El Noble Profeta (s.a.w.) dijo: “Buscad el conocimiento desde la cuna hasta la tumba”. Y “Procurar el conocimiento es un deber para todo musulmán y musulmana”. Esta declaración fue puesta en práctica por los musulmanes –tanto hombres como mujeres- a través de la historia, es por eso que vemos que en la época del oscurantismo para la sociedad occidental, el Islam atraviesa su época de oro, y aporta muchos descubrimientos científicos a Occidente. 
 
La mujer musulmana tiene la responsabilidad de esforzarse por adquirir conocimiento para poder desempeñarse y tener una participación activa en todas las áreas que su sociedad necesite. En cambio, todavía en el siglo XVIII Jean Jacques Rousseau decía en su “Emilio” que “una mujer sabia es un castigo para su esposo, sus hijos, sus criados, y para todo el mundo”. 
Hoy en el Irán islámico el 60% del alumnado en las universidades son mujeres.
 
El Islam le otorgó a la mujer incluso el derecho a la libre expresión y a votar. El pacto de fidelidad que el Profeta tomó de algunas mujeres puede interpretarse como lo que hoy llamamos “voto”.
 
En el segundo pacto que se dio antes de la Emigración a Medina, entre el Profeta y un reducido grupo de la gente de Iazrib -actual Medina-, estuvieron presentes mujeres. En pacto general que se dio tras la Conquista de La Meca entre la gente de la Meca y el Profeta (s.a.w.), todos participaron. El Profeta, según se lo ordena el mismo Corán, aceptó el pacto de las mujeres en forma independiente sobre unas bases y criterios. Dice el Corán: “¡Oh Profeta!, cuando las creyentes se presenten ante ti para darte su pacto de fidelidad … entonces acepta su pacto de fidelidad e implora para ellas el perdón de Dios”. (60: 12).
 
El Profeta tomaba este pacto por medio de la palabra, o bien, requería que le trajesen un recipiente con agua y primero él colocaba su mano dentro del agua y luego las mujeres hacían lo mismo, y de esta manera se concretaba el gran pacto entre la mujer como individuo y el Profeta (s.a.w.) como líder o gobernante de la nación islámica. Asimismo, se narró que en el día de Gadir las mujeres también dieron su PACTO al sucesor del Profeta, a través de un recipiente con agua.
 
Sin embargo, vemos que en Occidente la mujer comienza a obtener el derecho al voto a partir de finales del siglo XIX y principios del XX.
 
Juan José Güemes Barrios, consejero de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid (ABC, 08/10/06): “Hoy nos asombra recordar que las mujeres sólo llevan 75 años votando en España, es decir, participando como ciudadanas. Es interesante situar la evolución del reconocimiento legal de este derecho en el ámbito internacional. El primer país del mundo que reconoció el derecho al voto de las mujeres fue Nueva Zelanda en el año 1893, después Australia en 1902. Los primeros países europeos son los nórdicos, a principios de siglo. Inglaterra fue un poco más tardía, en 1928. En Estados Unidos, aunque ya en 1869 se reconocía en el Estado de Wyoming, hubo que esperar a 1920 para que la 19ª Enmienda de su Constitución reconociera el derecho a votar sin limitación por razón de sexo. Francia, hasta 1944 no reconoce el derecho de las mujeres a votar. Es increíble que el país de la Revolución Francesa, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, no extendiera el sufragio universal a las mujeres hasta hace 62 años, y aún es más sorprendente el caso de Suiza, que no ha reconocido el derecho al sufragio femenino hasta 1971”.
 
Por supuesto, si vemos que hasta hace casi un año las mujeres todavía no votaban en un país como Arabia Saudí, esto nada tiene que ver con el Islam sino con costumbres regionales, puesto que como dije anteriormente, el derecho al voto fue uno de los primeros derechos que obtuvo la mujer en el Islam. Vemos que en Irán Islámico la mujer siempre ha votado.
 
Además, el Islam dio a las mujeres el derecho a la participación política, a ocupar cargos públicos, y a ejercer todas las profesiones que podían desempeñar los hombres. Desde los primeros días del islam y en respuesta a la convocatoria del Profeta (s.a.w.), las mujeres desde el principio estuvieron presentes en forma responsable en todas las escenas sociales, políticas y religiosas del Islam. Ellas participaron en la guerra atendiendo a los heridos y preparando los suministros; participaron también en el comercio, y concurrían a las mezquitas; escuchaban los sermones del Mensajero del Islam (s.a.w.) y realizaban preguntas sobre religión. Incluso hubo muchas mujeres transmisoras de narraciones y que instruyeron a los musulmanes en cuestiones relacionadas con su fe.
-    De esta manera, el Corán dejó sin efecto toda costumbre o tradición que conllevaba la violación de los derechos de la mujer.
 
POR OTRA PARTE, en el Islam no existen esos mitos que pueden existir en otras religiones o culturas sobre la mujer. Por ejemplo, 
 
En el pasado en diferentes culturas y religiones se planteaba la idea de si la mujer era un ser humano o si tenía o no alma, pero esto es algo ajeno al Islam. Se dice que en la Edad Media todavía los teólogos cristianos discutían si la mujer era un ser humano o no, si tenía alma o no (hasta el Consejo de Macon, año 585). 
 
Sin embargo, la mujer en el Islam siempre ocupó el elevado rango de "ser humano". Todos los rastros de humanidad que se observan en el hombre se observan también en la mujer, y, entre la mujer y el hombre no existe ninguna diferencia en lo que concierne a su alma.
 
En algunos atributos o cualidades psicológicas y espirituales que son comunes entre sí, el hombre y la mujer obviamente son diferentes en cuanto a la intensidad de estas cualidades o atributos, pero el solo hecho de que exista, por así decirlo, esta “debilidad” en algunas cualidades de la mujer -por dar un ejemplo, su menor temeridad e intrepidez en comparación con los del hombre- no nos debe llevar a decir que la condición de ser humano en la mujer se ha anulado. Las mujeres, por otra parte, gozan de más intensidad en otras cualidades y en ella son más fuertes que en el hombre -por ejemplo la mujer tiene sentimientos más intensos, un corazón más bondadoso y pacífico que el hombre-, y Dios los creó de esta manera para que se complementen y enriquezcan mutuamente. 
 
¿Y en cuanto a sus derechos y responsabilidades? ¿Son idénticos?
A la mujer se le han prescripto algunas obligaciones y responsabilidades al igual que se prescribieron también para los hombres. La visión del Islam respecto a la mujer se puede considerar una visión progresista y al mismo tiempo equilibrada.
 
Los derechos y las responsabilidades de la mujer son equivalentes a los del hombre, aunque no sean necesariamente iguales e idénticos a los de ellos. Equivalencia e igualdad en este caso son dos cosas diferentes porque el hombre y la mujer obviamente no son idénticos, pese a haber sido creados de la misma especie y dignidad humana.
 
Si partimos de la base de que según el Islam –y las religiones monoteístas- el sistema de la existencia, y la creación del ser humano y del cosmos se afianza en un programa que tiene un propósito, que el mundo fue creado por un Origen Sabio y se mueve hacia un objetivo sabio, ninguna criatura ha sido creada en vano o sin una razón.
 
Por lo tanto, la diversidad y diferencia no es una señal de que exista algún defecto en la naturaleza y la creación, sino que cada ser o cosa se dirige en dirección a los sabios propósitos de la creación. Las diferencias existenciales (takuini) son completamente naturales y no tienen un aspecto casual o excepcional. De este modo, las diferencias entre la mujer y el hombre también, tienen un propósito y una razón de ser. Y acorde a las diferencias entre la mujer y el hombre, se tienen expectativas particulares de cada uno de los dos géneros.
 
Debido a que en otras ideologías y escuelas materialistas el ser humano no es analizado en base al propósito final de la creación, es valorado solo en relación con los derechos materiales y a la posición social. Según esta visión, la diferencia en los roles, responsabilidades y ventajas legales se interpreta como una diferencia en la personalidad real y una desigualdad en el valor de la persona. A esto se debe que algunos suponen que debido a que en la legislación islámica, por dar un ejemplo, a la mujer le corresponde la mitad de herencia que al hombre, entonces el Islam oprime a la mujer, en tanto que este tipo de normas en el Islam no guardan ninguna relación con la personalidad o valor de la mujer y el hombre, sino que toman en cuenta los deberes y responsabilidades sociales y familiares de cada uno, los cuales obviamente a veces difieren al ser distintas sus cualidades físicas y psicológicas. Sabemos que no toda diferencia conlleva obligatoriamente una discriminación u opresión, así como no toda igualdad que se quiera aplicar a la fuerza, representa la justicia misma. 
 
Por ejemplo, ¿por qué la pobre mujer, hereda la mitad de lo que hereda el hombre, siendo que él es más fuerte? Dice el Corán: “Dios os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción (de la herencia) del varón equivalga a la de dos mujeres”. (4: 11) 
 
Ello se debe a que el Islam ha liberado a la mujer de la responsabilidad de participar en el servicio militar y el ejército, y además de la dote que le corresponde, también debe ser mantenida por el hombre. 
De todos modos no es así que en todos los casos la herencia de la mujer sea la mitad que la del hombre.
 
En el ISLAM, la familia goza de mucha importancia y todo gira y toma forma en torno a ella. La herencia y el resto de los derechos relacionados a la mujer también son regulados teniendo en cuenta la conveniencia de la familia como un todo. Por lo tanto, una cultura que no da la debida atención a la gran posición que tiene la familia, no puede comprender estas cuestiones jurídicas que benefician a la familia. Quienes hoy critican las leyes islámicas respecto a la mujer bajo el slogan de defender los derechos de la mujer, quizás no llegan a comprender la sacralidad que tiene la familia ni la consideran una prioridad. 
 
El Islam ha otorgado a la mujer derechos y privilegios, que no se le han otorgado hasta hoy en otros sistemas religiosos o constitucionales. Así se comprende cuando se estudia el tema en su totalidad, y no en parte.
 
¿La mujer fue creada de la costilla de Adán? 
En el Corán no hay ninguna mención sobre que la mujer fue creada de la costilla izquierda de Adán. 
 
En varias aleyas el Corán explícitamente Dios dice que Eva fue creada de la misma especie que fue creado Adán. Primero, refiriéndose a la creación de Eva de la misma especie de Adán (a.s.) dice:
 “¡Oh humanos! Temed a vuestro Señor, que os creó de un mismo ser (o “nafs”), de cuya misma especie creó a su pareja…” (4: 1)
 
O sea, de su “ser”, esencia, especie o naturaleza. No dice que de una parte de él. 
 
Luego al hablar de la creación del resto de los seres humanos, en otras aleyas, dirigiéndose tanto al hombre como a la mujer, dice que Dios creó para los seres humanos “parejas” de su misma especie. Por ejemplo:
“Y entre Sus signos está el de haberos creado parejas de vuestra misma especie, para que os sirvan de sosiego”. (30: 21)
 
Por lo tanto, en el Corán no hay una teoría despectiva en cuanto a la creación de la mujer, y tanto el hombre como la mujer fueron creados de una sola especie, de tierra, y ninguno tiene preeminencia por sobre el otro.
 
Otra de las teorías despreciativas que existen es que la mujer es un elemento de pecado, y fuente de todo mal y tentación. Que cuando Adán fue engañado por Satanás y luego expulsado del Paraíso del Edén, todo sucedió a través de Eva. Ella fue tentada primero por Satanás, y Adán por Eva. 
 
En primer lugar, el Corán enfatiza que la existencia de la mujer para el hombre es un bien, y es causa de sosiego y tranquilidad para el corazón del hombre, y viceversa. Mencionamos antes que el Corán dice: “Y entre Sus signos está el de haberos creado parejas de vuestra misma especie, para que os sirvan de sosiego”. (30: 21) Esta es una de los versículos que hablan de la creación y los signos de Dios. 
 
Si comparamos estas palabras del Corán con otras mencionadas al respecto en la Torá por ejemplo, sobre que “la mujer es más amarga que la muerte” (Eclesiastés 7:26), queda clara la elevada posición de la que goza la mujer en el Islam en comparación con otras culturas y religiones. 
 
Por otra parte, el Corán narra la historia del Paraíso del Edén pero nunca dice que Satanás o la serpiente engañaron primero a Eva y que Eva luego tentó a Adán. El Corán ni presenta a Eva como la responsable original y principal, ni tampoco la exonera. Cuando se refiere a la tentación de Satanás, el Corán menciona los pronombres en forma dual, dice: 
 
“Pero el Demonio les insinuó a ambos el mal”. (7: 20)
En la aleya siguiente dice:
“Y el Demonio les juró a ambos: ¡De veras, os aconsejo el bien!”. (7: 21)
 
Por lo tanto, el Corán combate ese pensamiento que estaba difundido en esa época y que incluso continúa hasta nuestros días, y ha eximido al género femenino de esta acusación de que ella es un elemento de tentación.
 
El Corán deja muy claro que ambos fueron tentados, que los dos fueron pecadores, que Dios perdonó a ambos después de su arrepentimiento, y que Dios se dirigió a ellos conjuntamente: 
 
 “Su Señor les llamó ¿No os había prohibido (a ambos) ese árbol, y dicho que el Demonio era para vosotros un enemigo declarado?” (7:22)
 
Adán y Eva cometieron el mismo error y si hemos de culpar a Eva debemos culpar también a Adán, en la misma medida.
 
Otra de las teorías peyorativas que existen en relación con la mujer es en cuanto a sus capacidades espirituales. ¿Puede la mujer atravesar los diferentes niveles espirituales y divinos, y llegar a la posición de proximidad a Dios, de la misma manera que los hombres? ¿Qué dice el Islam al respecto?
 
El Corán nos da ejemplos de mujeres que alcanzaron un elevadísimo nivel de espiritualidad, como la esposa del Faraón, y María, la madre de Jesús –con ambos sea la paz-. Dios en el Corán, después de poner de ejemplo a la esposa del Faraón como modelo para los creyentes, en la aleya siguiente también pone de ejemplo a María como modelo para los creyentes: “Dios pone de ejemplo a los creyentes a la mujer del Faraón… Y a María, la hija de Imrán, que conservó su castidad, y en quien alentamos de nuestro espíritu, y creyó en las palabras de su Señor y sus Libros, y se contó con los consagrados”. (66:12)
 
La historia de María (a.s.) adquiere tanta relevancia que el Corán le ha dedicado todo un capítulo que lleva su nombre: la Sura o Capítulo Nº 19. El nombre de María es citado a lo largo del Corán 34 veces, lo que es un número bastante considerable. 
 
María o Mariam (en árabe), es una de las mujeres más puras del mundo que alcanzó una elevadísima posición ante Dios. Debido al valor, eminencia y posición privilegiada que le concede Dios en el Corán María ocupa un lugar especial en los corazones de los musulmanes, quienes la admiran y le rinden igual veneración como la que rinden a los propios profetas. El Corán nos menciona que la madre de Jesús y la madre de Moisés también, alcanzaron tal nivel espiritual que reciben inspiraciones por parte de Dios y el Ángel Gabriel habla con ellas.
 
En la historia del Islam también hay muchas mujeres encomiables, como Jadîyah que donó todos sus bienes por la causa del Islam, Sumeia, la primera mártir del Islam y Zeinab, la heroína de Karbalá (a.s.). Y ningún hombre –a excepción de su padre y esposo- equipara a Fátima (a.s.) en espiritualidad.
 
De todo lo que mencionamos se desprende que el Islam nunca expuso teorías despectivas en relación con las mujeres y en el Corán no existe aleya que censure a la mujer por ser mujer. 
 
Es posible que en las tradiciones y culturas existentes en algunas sociedades islámicas existan desaciertos y deficiencias en cuanto a lo que se refiere a la mujer, y los derechos de las mujeres musulmanas se vean pisoteados, pero estas deficiencias no tienen nada que ver con los derechos de la mujer en el Corán. Algunas de las razones pueden ser el desconocimiento de la mujer respecto a lo que dice realmente el Islam sobre sus derechos y responsabilidades; o la comodidad y la negligencia de las mujeres, que no buscaron la manera de recuperar sus derechos y autonomía. Esto puede haber llevado a que algunos hombres no revisen la lectura que ellos pudieran haber hecho en el pasado respecto a los derechos de la mujer en el Islam, por lo que las han mantenido muy dependientes de ellos.
 
Y otros, como estos diferentes grupos terroristas como ISIS, Al-Qaeda, Boko Haram, Talibanes, etc., que enarbolan el nombre del Islam pero que nada tienen que ver con el Islam, y que están patrocinados por quienes buscan sus propios intereses económicos en la región, se han aprovechado de estos malos entendidos sobre la mujer para degradar el estatus de la mujer y desacreditar al Islam. 
 
Por supuesto, sí que hay diferencias en la naturaleza de las mujeres y hombres que ocasiona que el legislador, el creador, haya legislado algunas leyes diferentes para ellos, pero que de ninguna manera estas leyes humillan o degradan a la mujer sino que son leyes para que se complementen hombres y mujeres para llegar ambos al objetivo último de la creación: la adoración a Dios y alcanzar la felicidad eterna.
 
El Islam otorgó a la mujer musulmana derechos que las occidentales tardaron siglos en conseguir. Para llegar a lo que hoy es, la mujer en el mundo luchó duramente durante siglos, y lo que consiguió lo logró a costa de muchos sacrificios, y aún hoy no ha adquirido lo que ha preceptuado el Islam para la mujer musulmana hace 14 siglos por decreto divino.
 
En general, las mujeres adquirieron mayores derechos que en la Europa medieval. En otras culturas, las mujeres no alcanzaron un estatus social similar hasta siglos después. Según el profesor William Montgomery Watt, «cuando se estudia en este contexto histórico, Mahoma puede considerarse una figura que defendió los derechos femeninos» 
 
 
EL HIYAB: 
¿Qué es el hiyab? ¿Límites? ¿ante quiénes? 
 
Antiguamente entre los judíos, cristianos, árabes, griegos, romanos, germanos, pueblos del Cercano Oriente, etc., se acataba la vestimenta de la mujer y todas ellas cubrían sus cuerpos y cabellos. Fue desde la segunda mitad del siglo XVIII que en Europa se comenzó a observar una disminución gradual del hiÿâb, incluso entre muchas de las mujeres de las sociedades islámicas. No obstante, incluso hasta finales del siglo XIX la vestimenta regional de la gran mayoría de las europeas era cubrir sus cabellos junto a un largo vestido. Por supuesto, todavía hoy podemos observar el uso de algún tipo de hiyab en otras religiones como las mujeres judías ortodoxas y las monjas cristianas. Entonces, no deberíamos argumentar respecto a por qué existe el hiÿâb, sino más bien, debemos preguntar ¿por qué dejó de usarse?
 
Dios, Altísimo sea, en el Sagrado Corán le dice al Profeta:
 
«Di a los creyentes que recaten sus miradas y conserven su pudor, porque ello es más disculpable para ellos porque Dios está bien enterado de cuanto hacen.
 
“Y di también a las creyentes que recaten sus miradas, conserven su pudor y que no muestren sus adornos excepto los que están a la vista; y que se cubran sus pechos con sus velos…” (24:30-31).
 
El Sagrado Corán también dice:
 
«¡Oh, Mensajero! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Dios es Indulgente, Misericordioso». (33:59)
 
1) RAZONES PARA EL HIYAB:
1) El Corán aquí nos dice una de las razones por las que las mujeres deben cubrirse, y es que así serán conocidas por su pudor, no serán punto de atracción para los no íntimos y nadie les molestará.
 
El mantener un límite de parte de la mujer frente a los hombres siempre fue uno de los medios misteriosos que la mujer utilizó para resguardar su posición y lugar ante el hombre. El Islam estimula a la mujer a aprovecharse lo mejor posible de este medio y enfatiza que cuanto más la mujer se comporte con seriedad, firmeza, y pudor y no se exhiba frente a los hombres, ello incrementará su respeto. 
 
2) Tranquilidad síquica: La inexistencia de un límite en las relaciones entre hombre y mujer y el libertinaje acrecienta las emociones y excitaciones sexuales y convierte al deseo sexual en un deseo insaciable.
 
El instinto sexual es un instinto poderoso, y el Islam ha dispuesto medidas para moderar y amansar este instinto y al respecto determina las obligaciones tanto para las mujeres como para los hombres. La aleya del hiÿâb establece una obligación común para el hombre y la mujer y es no proceder en la sociedad de una manera que se provoque unos a otros.
 
La libertad sexual y demasiados elementos excitantes que se exhiben a través de diarios, revistas, cines, teatros e incluso avenidas y calles, solo pueden perturbar a la sociedad.
 
3) La consolidación del vínculo matrimonial y familiar:
 
No hay duda de que cualquier factor que tenga efecto en la consolidación del vínculo familiar y origine la cercanía y la intimidad en las relaciones de pareja es beneficioso para la institución familiar y debe ser fortalecido.
 
Limitar los placeres y deseos sexuales al medio ambiente matrimonial y en el marco de una relación legal fortalece el vínculo de pareja y une más a la misma. La razón para el hiÿâb y el impedimento de aprovecharse sexualmente de quien no es pareja legal consiste en que la esposa legal, síquicamente, debe ser considerada como el motivo de su felicidad, y no una molestia y un vigilante, para que la familia no se cimente en la enemistad, ni la gente huya del matrimonio al encontrar fácilmente los medios para satisfacerse.
 
Además, una relación libre hace que la familia no se afiance sobre la base de un puro amor y profundo cariño, sino que cada uno mira al otro como el factor que le arrebata su libertad. Mientras que el hiÿâb y una relación limitada entre sexos opuestos en la sociedad ocasiona que se eleve la posición de la mujer ante su esposo y eso mismo es lo que endulza la vida. Podemos comparar dos sociedades, una en la que las mujeres usan el hiÿâb y en la otra no. En la sociedad en la que todas las mujeres usan el hiÿâb, el hombre fuera de su casa ve a todas las mujeres extrañas cubiertas, y si es necesario, se relaciona con ellas con un respeto mutuo, y en su casa, ve a su esposa sin hiÿâb.
 
Sin dudas el hiÿâb conforma un factor importante en la consolidación del vínculo familiar y la razón por la que hoy muchas mujeres en occidente especialmente en Europa abrazan el Islam y contraen matrimonio con hombres musulmanes se debe a su aspiración de encontrar una cálida e íntima institución familiar, lo que todo ser humano ilusiona tener.
 
4) Estabilidad de la sociedad:
La falta del hiÿâb y la divulgación de las relaciones sexuales libres debilitan la fuerza de trabajo y actividad de la sociedad. Cubrir el cuerpo excepto la cara y las manos no impide ninguna actividad social y económica a la mujer. 
 
En el ámbito laboral, estudiantil, etc. ¿ver constantemente a las mujeres con ropas atractivas y sensuales ocasiona que los hombres trabajen mejor? Sin duda alguna, si las mujeres se presentasen en la sociedad con hiÿâb, las actividades sociales serían más rápidas y eficaces, y la sociedad gozaría de más estabilidad.”
 
Algunos puntos sobre el Hiÿâb:
 
1)    El tema del hiÿâb en el Islam no se limita a una mera cubierta externa sino que junto a ella existen recomendaciones en las actitudes y comportamientos que hacen que el hiÿâb exterior tenga efecto, y si el hiÿâb exterior no está acompañado del cumplimiento de estas recomendaciones, el hiyab externo no servirá de mucho.
2)     
2) El hiÿâb islámico, no es el encarcelamiento de la mujer en la casa y su alejamiento de los asuntos sociales, sino que significa que la mujer, en su relación con los hombres no íntimos cubra su cabello y cuerpo y no se exhiba ante ellos.
 
Lo que el Islam quiere de la mujer es que ella tenga personalidad y se valore a sí misma. 
 
En el Islam se pretende que a mujer sea valorada en la sociedad por su inteligencia, su capacidad y su virtud, no por su aspecto físico. El velo que utilizan las musulmanas practicantes de esta norma es para ella y para el hombre musulmán un símbolo y estandarte de respeto, dignidad, y elevación de la persona, a la cual se la valora por lo que es y no por su aspecto exterior.
 
Pese a esto existe el prejuicio alimentado por los medios de difusión al servicio el imperialismo, donde la muestran como si estuviera prisionera. NO LO ESTAMOS!
 
Debemos diferenciar entre lo que realmente es la Ley Islámica y la cultura de algunos países. 
 
Imam Jomeini (r.a.): “Es del regazo de la mujer que el hombre asciende a los cielos… Con una mano la mujer mueve la cuna, y con la otra, la rueda de la historia de la humanidad””.

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